sep 13
2011

De la patología del arte al arte patafísico


 
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ago 12
2011

El nuevo arte chino

“Esta paranoia cómplice del arte”.

Jean Baudrillard

 

La idea de que las gentes lo que quieren en sus vidas es cambio e innovación es tan indemostrable en la práctica como su contraria. Pero esa idea, ese valor de uso de nuestra libertad continúa trabajando en la psique occidental hábilmente estimulada por nuestra concepción productivista/consumista de progreso asociada a ella.

Ahora bien, llevar las cosas al límite, actuar como agente acelerador de ese pretendido deseo de cambio e innovación suele ser obra de unos cuantos con relación a la inmensa mayoría que sólo se ha visto arrastrada a la tarea, hoy y siempre, con verdadera desgana.

En el arte y la ciencia (también en lo político, como señala Max Weber) tampoco es ya ningún secreto la complicidad histórica artista/científico guiados por los mismos deseos de innovación. Y si el artista de las vanguardias deconstruye la realidad artística, el científico deconstruye la realidad tout court para sustituirla por su copia vitual. El concepto que guía estas dos actividades es el de operatividad, un concepto genealógicamente hablando más científico que artístico. Cuando las operaciones sobre la realidad y sobre el arte, sobre lo objetual, se han culminado es cuando aparece en el horizonte la última aventura de ambos, del científico y del artista: la experimentación sobre lo biológico, la performance individual sin  otro objeto de  experimentación que no sea el de su propio cuerpo o el de los demás (en el cine de David Cronenberg, hay innumerables ejemplos de esto). Y no deja de sorprender que en un sistema completo y completado, de rien ne va plus y del final de la aventura, el desasosiego innovador individual de algunos adquiera una virulencia implosiva (que sustituye a la histórica virulencia explosiva colectiva) comparable “al hágase según tu palabra” del Cristo en la cruz, un self sacrifice de cara a la galería tan desagradable como inútil.

 

En esa puja por coronar cuanto antes la cima del mal gusto se inscriben las nuevas tendencias del arte chino

a las que hace referencia el antropólogo Alberto Valero en su blog

Estos artistas, algunos de reconocido prestigio internacional entre los medios aficionados al desguace corporal, han sustituido la paleta y el pincel por el quirófano y el bisturí con una desinhibición propia de las sangrías medievales. Estamos pues, ante un fenómeno que unifica las crueldades de antaño con el más sofisticado instrumental quirúrgico del siglo XXI. Esta obscenidad “artística” rampante en los chinos es similar a la que practican en occidente Orlan y algunos otros. Son actos, escenas, no ya de sadismo (en Sade los cuerpos están vivos) sino de pura y simple sado-necrofilia en un escenario sin escena y sin actores en el que campa a sus anchas, en el vacío, la operatividad tecnológica (la misma en occidente y China) de la sangre y lo sangrante. Si el arte antes que un contenido es una expresión de libertad ¿se trataría en el caso de los artistas chinos (y en los de occidente) de reivindicar una disposición libre, una libertad de su propio cuerpo frente a sistemas opresores (el comunismo y el capitalismo), que impiden esa misma libertad suicida? ¿Ofrecerse en mutilado o sacrificado como única arma de defensa, como acto redentor, frente a la hegemonía totalitaria? Si la libertad, como decía Lichtenberg para lo único que sirve es para abusar de ella; despojada de toda esa mitología liberadora ¿no se reduce la libertad a la vida? ¿Y tiene algún sentido acabar con su propia vida (y la de los demás) en nombre de la libertad? ¿O existe alguna libertad más allá de la vida?

En realidad, todo este tipo de orientaciones “artísticas”, que fuera de los media y los reducidos y corrompidos círculos artísticos, gozan de la más absoluta indiferencia entre las masas (exactamente igual que lo político), son como el canto del cisne del antaño espíritu suicida de conquista. Por eso no es de extrañar que el imperialismo marxista chino mantenga hacia estos artistas  una posición ambigua, condenándolos como disidentes individualistas al tiempo que los mantiene como portadores de la esencia del propio régimen: la técnica (lo cual confirma aquél premonitorio ensayo de Kostas Axelos; “Marx, pensador de la técnica”).

Afortunadamente, a la gente normal – y futuras victimas propiciatorias si esto continúa así – no les da por estas cosas, se conforman con adoptar una distancia irónica, una pasiva indiferencia  – cuando no una resistencia visceral – porque saben que frente a lo político y al arte como arma política se trata de no picar, que ellos digieran su propia escoria sin trasladárnosla a los demás, pues en realidad de eso se trata en este juego.

 

Elías Alfonso

jun 12
2011

La soledad de lo social sin socios

 

¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen en estos escombros pétreos?

Tierra Baldía, T.S. Eliot

 

Aparentemente todo indica que el delirio consumista en Occidente toca a su fin y que en adelante dedicaremos nuestro tiempo sólo a leer poemas de Lao Tse ¿Habemus miraculum?
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abr 30
2011

Necro-Lógico

Jesús de Nazaret: “No vayáis a pensar que yo he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz sino guerra”.

El Evangelio según San Mateo (1964), Pier Paolo Pasolini

 

Dice Jean Baudrillard que ya no estamos en una sociedad que nos aleja, que nuestra maldición, al contrario, es estar demasiado próximos. ¿Qué hacer entonces para liberarnos de esa atracción fatal y acabar definitivamente con la maldición? ¿Pegarle un tiro al que tenemos enfrente como hizo Pascual Duarte con su madre o hacía el sheriff Nick Corey (Pop 1280) con cualquier tipo molesto o el Cobrador con los señoritingos? ¿Aplicar el método “amistoso” del pintor Francis Bacon (“Siempre he concebido la amistad como una situación en la que dos personas realmente se destrozan y quizá de ese modo aprendan algo una de otra”)?
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abr 10
2011

La Red Social

Alphonse Allais, en uno de sus geniales relatos (Irreverencia) nos ofrece el siguiente diálogo entre un joven irreverente y su tío:

 

Tío – No tolero que llames farsante a un santo y mártir como lo fue San Vicente de Paúl.

Joven – ¿Y qué es lo que hizo de bueno tu venerado santo?

T: – Salvó de la muerte a miles de pobres niños huérfanos.

J. – ¿Y donde están ahora esos pobres niños huérfanos?

T. – Ahora…, pues muertos.

J. – Entonces, ¿de qué muerte les salvó el tal San Vicente de Paúl?
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