Barcelona (6)
Aunque estés convencido, amigo/a lector/a, que los poderosos están dispuestos a acabar con el mundo y quedarse tan panchos, prefiérelos siempre a los aspirantes a poderosos. Créeme y haz lo que te digo. Porque, mientras el primero sueña con la omnipotencia (allá él), el segundo con lo que sueña es con liquidarte a ti. Yo tengo la más elevada opinión del millonario anónimo que llama a uno de esos programas de la radio en los que se comercia con las miserias humanas y dice: “Dono un millón de euros para los negros de África, a ver si se tranquilizan, y dejan de avergonzarme”. Y punto. Sin contrapartida, sin chantaje.
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