Montaje realizado por Elías Alfonso
2010
The first cloning
2009
Self-Portrait
Como un reo de la existencia esperando la pregunta: “¡Tú!”, “¿cómo te llamas?”.
Montaje realizado por Elías Alfonso
2009
Marcel Duchamp et le “reste”*
(*”reste”, lo que queda, las sobras, el resto)

Desde mi punto de vista, los criterios de tipo artístico o estético no son los más apropiados para juzgar la obra de Marcel Duchamp. Los ejercicios duchampianos utilizan el sistema del arte sólo de manera accidental y tienden, sobrepasando el campo estético-artístico, a plantear problemas generales de orden lógico y epistemológico.
El “Duchamp” percibido por la crítica de arte es una de las mayores mistificaciones de este siglo, que sólo ha sido posible por necesidades de mercado y también por la exigencia que tiene la cultura de reducir al charlataneo y la banalidad un contenido que la desborda y la sobrepasa por todos lados.
La toma de posición de Duchamp consiste en un cuestionamiento radical de las estructuras epistemológicas del saber. Esta toma de posición hace referencia a dos de sus formulaciones más significativas. En una entrevista con Seitz, Duchamp declara que es necesario “llevar la idea de la duda en Descartes mucho más lejos de lo que lo había hecho la escuela cartesiana”. Y en una nota de 1913 define lo “posible” como un “mordiente” físico (del tipo vitriolo) quemando toda estética”.
Para Duchamp se trata de una aplicación radical y metódica de la duda, de activar de nuevo lo posible convertido en inerte por la evidencia y la repetición, de pensar hasta el fondo la realidad con el fin de disgregarla con el instrumento implacable de una rigurosa lógica analítica.
En Duchamp, el contacto con el mundo se reduce a una simple ocurrencia cerebral: se trataría de retirar del mundo todo compromiso afectivo y de pensarlo rigurosamente con el fin de poder restituirlo contradicho y negado.
La situación se consuma en el pensamiento por un gesto conceptual premeditado y aquí el interés por el arte es marginal y accidental, puesto que yendo más allá, lo que a Duchamp le interesa es disolver la arquitectura teórica de lo real en toda su complejidad.
En lo que se refiere al arte, se trata de golpear a muerte su sola posibilidad teórica. El arte es un territorio de la experiencia donde las cosas no vienen dadas por sí mismas; en él siempre permanece un resto que le escapa. Las consideraciones de Duchamp sobre el arte y las operaciones llevadas a cabo por él son sutiles insinuaciones conceptuales que tienden a disociar el arte de sus fundamentos. A través de una lúcida y rigurosa aplicación de la incredulidad de origen cartesiano, Duchamp hace surgir las implicaciones extremas del sistema del arte y su evaluación y haciendo esto explosiona y aniquila el propio sistema artístico.
La eliminación de las contradicciones en el arte sólo puede realizarse con la eliminación de los restos que produce su puesta en escena:
Los residuos (restes) del arte son numerosos y de diversa naturaleza.
1.- La obra de arte se construye siempre sobre una ausencia: el acto creador realiza algo que no era ni intencional ni concebido, mientras que una buena parte del proyecto inicial se pierde.
Duchamp señala con claridad que esta ausencia constitutiva de la obra de arte supone también la debilidad y la impotencia del acto artístico: “ Durante el acto creador, el artista va de la intención a la realización{…} La lucha por la realización son una serie de esfuerzos, de sufrimientos y satisfacciones, de negativas y decisiones que no pueden ser plenamente conscientes {…} El resultado de esta lucha es la diferencia entre la intención y la realización {…} Pero de hecho, hay un eslabón que falta en la cadena de reacciones que acompañan al acto creador; este corte, que representa para el artista la imposibilidad de expresar completamente su intención, esta diferencia entre lo que él había proyectado y lo que finalmente ha realizado, es lo que podríamos llamar el “coeficiente de arte” personal contenido en la obra.
En otros términos, el “coeficiente de arte” personal es como una relación aritmética entre “lo inexpresado pero proyectado”, y lo que es “expresado involuntariamente”.
“El arte es el eslabón perdido y no los que existen. El arte no es lo que tu ves, el arte es un vacío”(Duchamp).
Y la diferencia entre la intención y la realización no da como resto cero, la intención y la realización no coinciden y su desajuste produce un resto que se escapa, un residuo no absorbido por el cálculo. Se trata, pues, de eliminar este primer resto.
Duchamp se interroga sobre la forma de abolir en su trabajo toda posibilidad de presencia de un substrato inconsciente y no intencional y sobre la forma de realizar un acto pleno, absolutamente presente en sí mismo.
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