Por mucho que se insista a través de los media en mantener vivo el viejo concepto de izquierda o derecha ya no vivimos en esa dualidad caduca, sino que sobrevivimos a ella. En Occidente gusta la ilusión del autoengaño. Y si en otras culturas el intercambio en la calle se articula en torno al regateo cansino por cualquier insignificancia hasta convertirlo en una parodia saludable del propio intercambio, nosotros, utilitaristas y prácticos, vamos directamente al meollo de la cuestión, es decir, al timo.
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2010
La Libertad
2010
El Odio
De la gran cosecha que prometía el grandioso proyecto evangelizador, colonizador, descolonizador y globalizador llevado a cabo por Occidente desde el siglo XV hasta nuestros días, apenas si nos quedan hoy dos moralismos tradicionales: la Libertad y el Odio y una objetividad postmoderna: el paro técnico social. De este último – equivalente al paro cardíaco individual -, que incluye también lo que popularmente conocemos como “el paro”, ya se ocupan los media, los agentes sociales y los gobiernos. De la Libertad, verdadera autopista del Odio, hablaré en otra ocasión.
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2010
Hospitales: El último show
La decisión tiene por objeto permitir al sujeto actuar. Pero si el que actúa fuera consciente en todos los momentos de su acción del peso de los determinismos y de las estructuras, su impulso hacia la acción quedaría truncado.
Lucien Sfez, Critique de la décision.
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2010
Garzón o El Hombre de la Multitud
Me gusta que el título de mis articulillos sea expresivo, que connote ya de inicio una idea aproximada de lo que va a ser el contenido. En este caso, confieso que en esa línea glamurosa connotativa me han pasado por la cabeza varios títulos, desde: Garzón, El Hombre que mató a Liberty Valance o Garzón, El Hombre de Hierro o El Hombre de las Pistolas de Oro o El Hombre de Moda, hasta Garzón, El Hombre Equipado, pasando por Garzón, Un Hombre para la Eternidad o Garzón, El Hombre Imposible. Incluso, Garzón, El Increíble Hombre Menguante, no hubiera estado mal.
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2010
Todos queremos a Ishi
Si de lo que se trata es de hablar de la grandeza del ser humano, yo aconsejo a mi lector que lea la vida de Ishi(1) (“Ishi, el último de su tribu“, de Theodora Kroeber).
Es suficiente con escribir “Ishi” en Google, para que toda una avalancha de información escrita y visual sobre este personaje, tanto en ingles como en español, nos abrume. Ocurriría lo mismo con cualquier otro nombre. Es bueno que haya tanta información pero, salvo que aceptemos que su objetivo final sea aquello que decía Ceronetti de “todos uniformados por la información”, hay que reconocer que tanta abundancia fatiga la vista, embota el juicio y termina por confundir a las neuronas.
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