Hay que concederle a Europa el mérito de unificarse por arriba al tiempo que se descompone por abajo. Su habilidad en la cima para crear grandes consorcios rectores (hoy, la Unión Europea) periódicamente renovables como los Mundiales de Fútbol, las energías o la muda en los ofidios y siempre expertos y talluditos (por no decir viejos) e iguales a sí mismos, sólo tiene parangón en la base con el multitudinario batallón de atropellados e idiotas en que nos hemos convertido todos los demás.
Finiquitada la mascarada religiosa de los concilios ecuménicos en 1965 con el “Vaticano II”, ese vigor post mortem del adoctrinamiento ya liberado de penitencias, sans remords, ha pasado íntegramente a la nueva cosa nostra del saber la cultura y la manipulación.
Al pequeño patriarcado analfabeto, posesivo, visceral y sanguíneo, pero disperso e insignificante con su pequeña prole, sucederá el Gran Patriarcado de la unión (europea) y del control. Nueva selección natural de elegidos bajo la exclusividad del saber y relegación del resto a la obediencia debida. Es el nuevo reciclaje de la Razón occidental. La casta descastada con nuevos códigos por fin en la cúspide, emancipada, deslocalizada e invisible, sin los peligros de la proximidad.
El caso es, que aún no se ha extinguido totalmente en este Nuevo Patriarcado la vocación mesiánica, conciliar y milagrera. Y así, a las ignoradas por el vulgo encíclicas papales, ha sucedido el imperativo cumplimiento de la directivas europeas; a la insensatez, holganza, divertimento y no creencia en misas, cofradías y procesiones, ha sucedido la ferocidad cívica y el integrismo blanco de las buenas formas y de la ética en todo tipo de movimientos corporativos y asociaciones; y, finalmente, ha ocurrido el milagro increíble, al fin creíble por el saber, de la unificación de los dos ados, el patriarcado y el matriarcado en un patri-matriarcado henchido de sabiduría incontestable, de pedagogía fervorosa y, consecuentemente, del peor racismo (en este caso unisex): el proteccionismo cultural.
La Unión Europea es como Rexona, nunca te abandona. El único problema es nacer aquí sin desodorante, pero una vez que lo has hecho, siempre encontrarán un remedio para tu mal gusto. ¿qué tal Freud para empezar? ¿y la eutanasia para terminar? Mens sana in corpore sano. La Europa pulcra, sin plagas ni pestes. La malaria para los africanos, nosotros ya tenemos la Cultura.
Aparte de la asombrosa visión de un universo pleno de licenciados y sabios – un Doctorado Terrenal -, otra reminiscencia jesuítica cara al patri-matriarcado (Nuevo Patriarcado) es la solidaridad. La solidaridad es como un nuevo Santo Advenimiento. Ne touchez pas à la solidarité!, como se decía también de la mujer blanca. El insolidario (económico, social y cultural) es el hereje moderno y la nueva víctima propiciatoria, j`aurais ta peau! para el Santo Oficio unisex de la domesticación forzada. Hasta el ser más obtuso sabe, y yo lo soy y por eso lo digo, que todas las desigualdades económicas (con las culturales lo tienen fácil) a nivel europeo quedarían resueltas en un solo instante si los integrantes de la Unión Europea-Nuevo Patriarcado lo quisieran. Pero no lo quieren.
Argumentan, y tal vez tengan razón, que los demás europeos tampoco la queremos. Hay que mantener el caché, no gustan las revoluciones. Por ello, la solidaridad que practicamos es barriobajera, pobretona, hiere el orgullo de los pobres europeos y estos se indignan. Y ocurre que, frente a semejante embrollo cultural-solidario, ante tal enmascaramiento del poder y sus decisiones, el pobre, abotargado e indeciso, opta por el derrotismo, el hastío y el vicio más elemental.
Y es que toda esa fanfarria de la solidaridad alentada por el Nuevo Patriarcado europeo a favor de los necesitados del mundo como en otros tiempos se hacía con los apestados y los leprosos, esa mea culpa de la extinción cuidadosa, es una condena, un estigma, una discapacidad perpetua que cada vez cuela menos. Porque el pobre sabe, sin haber leído a Cioran, que “todo abuso de la sutileza conduce a un nuevo Catecismo” y que en este nuevo escenario del refinamiento y lo culturalmente intachable, el único espectador que interesa es el que finalmente termina integrándose en la claca.
Elías Alfonso
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