Odo continúa hablando de su tema favorito:

Es imposible tomarse en serio los problemas de Europa. Todo el mundo se queja de tener algún problema en ella, pero nadie la abandona, al contrario, vienen más. De lo cual, hay que deducir que en Europa no hay ningún problema, o que tener problemas es estimulante para vivir…en Europa. Por eso, el teórico o el intelectual europeo, engagé con alguna causa ideológica, religiosa, solidaria o samaritana, cada vez tiene más limitado su modus operandi con los nativos y con los que llegan, que son los de siempre: víctimas y oprimidos de aquí y del mundo entero, y además pobres. Esto de ser pobre no gusta, pero la pobreza sí. Y poner remedio a la pobreza también. Pero nunca se pone. Una solución sería hacernos todos pobres, como Jesús (también lo dice Max Weber) y ojos que no ven pobres, corazones que no se sienten pobres. Pero no parece que termine de gustar esta solución expeditiva al teórico o al intelectual europeo. Y cuando ya no ve pobres en Europa, o los que ve no le convencen como pobres, sale fuera de Europa a hablar o a filmar a otros pobres. Y así, tenemos al cineasta alemán Wim Wenders en su película “Land of Plenty” (Tierra de Abundancia), filmando, ¿a qué pobres dirías tú, mi buen amigo? Yo te lo digo: ¡Nada menos que a los pobres de Los Ángeles (USA)! ¡Y dice que es una de las ciudades del mundo con más pobres! ¡ Hasta para tener pobres son grandes los americanos! Tremendo ¡ En buen lugar se ha ido a meter Pau Gasol! Y pregunto yo, ¿en Hollywood, no podrían invadir esa multitud de pobres el Paseo de las Estrellas (Stars`s Boulevard), reivindicando tener también su propio paseo, el Paseo de los Pobres (Poors`s Boulevard)? Si la profesión de actor, tan glamorosa, es un orgullo al que aspiran millones de personas en el mundo entero, ¿no podríamos pensar, aplicando esa misma lógica de adhesión mayoritaria a la causa, que los millones de pobres de L. A. o de donde sea, sienten el mismo orgullo y glamour por su pobreza y tienen derecho a un Paseo? Pues, esto tan elemental no lo entienden ni el teórico ni el intelectual, en este caso Wim Wenders, que continúan erre que erre hablando de y filmando a los pobres. Y a todo esto, sin pagarles un dólar por derechos de imagen – a lo mucho, un plato de sopa caliente o un bocata, sobre todo, para que no les roben cosas del equipo, los pobres.

Anthony Wilden (Londres, 1935) es un epistemólogo, teórico del saber, filósofo, psicólogo, lingüista y muchas cosas más. Su obra Sistema y Estructura, es una referencia de primer nivel en el pensamiento sociológico. Wilden sabe y se nota. Pero, nació pobre, y como no le gustaba la pobreza, aprovechó una beca para pobres y tras desempeñar diferentes oficios, carnicero, mecánico de automóviles, etc., y enseñar en diferentes universidades (Baltimore, San Diego, Michigan…) terminó jubilándose laureado y rico. Wilden es un buen ejemplo de la incontinencia verbal del intelectual europeo que tras haber dicho lo esencial (y este lo dice con toda claridad, lo comprobaremos) no se detiene ahí. Veamos los esencial que dice Wilden sobre el sistema de enseñanza en las Universidades:

“Puesto que no se ha demostrado que el conocimiento “puro”, el “progreso” o el “pensamiento civilizado” tengan un valor de supervivencia a largo plazo – como muestran las crisis actuales – tendremos que preguntarnos por la posible función que desempeña la “unidad de conocimiento” en la clase concreta de sistema de parentesco que representa la Universidad.
La respuesta es muy simple. La “unidad de conocimiento” en la Universidad, está, en general, completamente vacía de significado y esencialmente desprovista de valor. La función que tiene su circulación por la esfera del discurso académico es sencillamente de mantener la homeostasis de las relaciones en el “establishment” académico. El valor de guardar silencio cuando no se tiene nada que decir ha dejado de ser considerado una virtud en el ámbito académico. Alguien sugirió hace unos años que lo primero que habría que pedirle a alguien que quisiera obtener el Doctorado en Filosofía debería ser el exigirle no publicar nada durante diez años por lo menos. Pero la negativa a publicar o morir es impensable en una industria cuyo producto es el conocimiento.
La llamada explosión del conocimiento de los últimos treinta años aproximadamente tiene muy poco que ver con el conocimiento. Tiene más bien que ver con un conocimiento considerado como una mercancía producida por la industria del conocimiento. Y, como ocurre con las demás formas de la producción industrial, su efecto más significativo es la contaminación: la contaminación de las mentes“.

Esto lo dice Wilden en el primer capítulo de su obra. En los siguientes (300 páginas), se dedica a reformar y matizar lo que ha dicho, a ver cómo se relacionan e interrelacionan la morfogenéticas, la cibernética, el psicoanálisis, la lingüística, la bioenergía y todo lo que ustedes quieran añadir. “La teoría embarcada en su propia empresa teórica“, como decía Baudrillard. Y cuando todo este rollo de montepollo se acabe, siempre nos quedarán los pobres USA y los cataclismos,

Elías Alfonso