Veo a Odo más parlanchín que nunca y me limito a escucharle:
En la Europa pregonera, lenguaraz, timorata y avarienta que con igual naturalidad cantarina en superficie como callada amargura en lo oculto progresa admirablemente en su camino de perdición, sobran los niños, especialmente si son nuestros hijos. El gusto por la alharaca, el placer por no estar quieto, la tentación suicida por el viaje, el enorme desasosiego individual por significar, la permanente fijación genital libertina de origen freudiano, el deseo inquebrantable de “realización“ personal, el engolamiento falsario ante el discurso del cura, el creador de opinión (“¡qué bien habla este hombre!”), el profesor, el doctrinario, el cine europeo, el cantautor, el charlatán de feria, el artista, LA CULTURA, unida a nuestra probada eficacia en temas del corazón, sentimentales y del engatusamiento y a una intuición preclara de que rien ne va plus, de vita brevis, han terminado por instaurar un sustrato convivencial, un mecanismo de expulsión, de auto expulsión para todos, extremadamente eficaz.
En Europa, en esta vieja Europa pregonera, madrastra y jíbara, gusta el chancro, y así, en ella van de la mano, en una puja al alza, el delirio colectivo y el más sofisticado perfeccionamiento técnico y operativo. “En el Zoo, como decía Cioran, , todos los animales se comportan decentemente salvo los monos. Se nota que el hombre no anda muy lejos“. Y así, al control rampante, de Zoo, la irresponsabilidad creciente, de mono; y viceversa.
En internet, todos somos el amigo invisible de todos y además, nunca hemos tenido tantos amigos (invisibles). Porque, la presencia ya es como una fobia, un endemoniamiento que hay que exorcizar trastocando y remodelando todas las funciones corporales cada cierto tiempo.
Mentalidad hortelana, de acoso al terreno, sin tregua, removiendo el sistema nervioso, el circulatorio, los cinco sentidos: ¡Digan ustedes algo! Mal asunto si has nacido mudo. Talante colonial, maneras de agrimensor, todo parcelado: fijando lindes, desbrozando maleza, fragmentando el espacio y el saber y al mismo tiempo unificándolo todo bajo mandamiento judicial; un proyecto que, como decía Alphonse Allais, “al mérito de descentralizar radicalmente, añade la ventaja de centralizar a ultranza“. Unificación completa del desastre positivo. Europa, como Registro Universal de la Propiedad. Alea jacta est. En estas condiciones, nacer, venir al mundo en Europa, es gana de molestar.
Y sin embargo, venimos.
Un periodo chupetón deliciosamente atemporal y feliz de amamantamiento vislumbra alguna esperanza, pero dura poco. Las nanas se van acabando. El beso tierno y cálido que depositaban sobre nuestra mejillita rosada antes de dormir, como el que le daba su madre a Proust, desaparece y en brevísimo tiempo te encuentras ante el maestro: a ver, la b con la a se dice…; ante el profesor: a ver, ¿por qué Edipo liquidó a su padre tras el intento fallido de este por liquidarle a él?; ante el catedrático: a ver, ¿cuántas lecciones sobre la sociedad industrial dictó Raymond Aron? ; y siempre, ante la Ley: “Ante la Ley, esta el guardián…“.
Bien equipado ya con todo lo necesario, llegas a la Empresa. A la entrada, un anuncio: Nunca el jugador puede ser superior al juego. Y te dices: Pues que le den por culo al puto juego, que yo me engancho otra vez a la teta, ¡porca miseria! Y te haces funcionario. Con un sueldo modesto, casi mísero, de mono, acabas de incorporarte al Zoo de la demencia colectiva. Y tal vez, en un día luminoso y sofocante de verano, en plena siesta escuchas el traqueteo de los vecinos. Añaden su granito de arena al calentamiento sexual global. Y te ríes. Después, mientras el marido se ducha, oyes su teléfono. La mujer le grita: ¡El niño se ha tirado a la droga! El marido, responde desde la ducha: ¿Qué se ha tirado a la Aurora? ¡No, repite la mujer, a la droga! Y tú, te vuelves a reír.
Elías Alfonso
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