“Dios creó al hombre a su imagen y creó la Naturaleza al uso del hombre. El alma es ese centro espiritual por donde el hombre es a imagen de Dios y se distingue radicalmente de todo el resto de la Naturaleza (y de su propio cuerpo)”.
Jean Baudrillard, El espejo de la producción.

Que el discurso crítico hace demasiado tiempo que ha tocado fondo por “humano, demasiado humano” lo constata el último y más feroz de los críticos de Dios que es al mismo tiempo el autor de la frase y del diagnóstico.
Nietzsche sólo cometió un error (el mismo que cometería Marx, en su caso, para poder continuar con el discurso crítico); el error de ambos fue proclamar la muerte de Dios (cierto), añadiendo a continuación que Dios nunca había existido (falso). Ese error, es consecuencia de caer en la trampa (probablemente tendida por Dios) de reducir la existencia de este al hombre y la del hombre a Dios, y todo lo demás no cuenta. No cuentan las mujeres ni la Naturaleza ni los animales.

Tras completar el trabajo sucio de La Creación, Dios se retira a descansar o sencillamente desaparece. Y no creemos que fueran los ataques conjuntos de Nietzsche y Marx hacia su Persona los que le hicieron ocultarse, sino el horror insoportable para uno de sus atributos (Infinitamente bueno y misericordioso) frente al amplísimo repertorio de crueldades que había dejado en la Tierra.
Reabrir nuevamente el caso de Dios, sentarle por primera vez en el banquillo de los acusados frente al heterogéneo e incalculable colectivo de damnificados por su Creación recordándole las gravísimas acusaciones que pesan sobre Él y su aliado el hombre, es el propósito de este escrito.

Porque, Dios, la Astucia Suprema, contaba y cuenta con dos aliados: la cábala y Darwin. La teoría cabalística (obra evidentemente de Dios) de un alma para cada órgano del cuerpo del hombre blinda a Dios, le hace prácticamente inexpugnable y posibilita hoy con los trasplantes su reproducción ad infinitum. En cuanto a Darwin ¿qué decir de este broker de los negocios de Dios en la Tierra que no ha hecho otra cosa que justificar y aumentar vehementemente los excesos derivados de La Creación a mayor gloria de Dios?

Había de ser el genio de Alfred Jarry en De la superficie de Dios el primero en afirmar que la Omnipotencia de Dios es vulnerable no en profundidad, en la que Dios es un auténtico maestro, sino en la más elemental superficie (de Dios). Jarry demuestra en este breve y denso escrito que si bien Dios, por definición es inextenso, finalmente su realidad queda fijada y desenmascarada: “Dios es el punto tangente de cero y el infinito”.

El refinado, riguroso y sofisticado razonamiento matemático empleado por Jarry para rastrear la presencia de Dios, que no tiene nada que envidiar a una computadora de última generación (recuérdese a los técnicos de IBM en Los nueve billones de nombres de Dios) nos lleva a la pregunta: ¿Cómo es posible concebir tal favoritismo evolutivo y mutacional, tal progreso siempre para los mismos (la inteligencia, el hombre, Darwin, Dios propio), dejando abandonada a su suerte repetitiva y bárbara al resto de los seres?
Veamos algunos ejemplos de esto último que coincide con las acusaciones que pesan sobre Dios:

Cuando en cualquier puesta de sol otoñal se observa en el cielo el grandioso agrupamientos de aves migratorias que desde los tiempos de Dios repiten insensatamente un viaje suicida de miles de kilómetros para alimentarse y refugiarse en un clima más benigno (las que llegan) ¿Tienen estas aves exhaustas algún motivo especial de agradecimiento hacia Dios?

En la Pampa argentina, las imponentes manadas de vacas, siempre bajo vigilancia de los gauchos para que no dejen de comer y parir terneros, sin un minuto de reposo para cuestionarse su esencia desdichada de vaca, ¿rumian algún pensamiento hacia Dios que no sea de desprecio?

Las montañas, colinas, praderas, abetos de Douglas, álamos, robles, secuoyas, eucaliptos, magnolias, orquídeas, hierba común; toda la vegetación del gran país norteamericano inmóvil y olvidada que magistralmente describe Nabokov en Lolita (páginas,187-195), ¿le debe algo a Dios, o es a la pluma de Nabokov?

Los ñu africanos, esa inocencia trotona y sedienta que en cualquier momento, por ejemplo mientras bebe, puede ser devorada por uno o varios cocodrilos, ¿dónde se encuentra el Dios Infinitamente Bueno en el momento de la devoración?

El propio cocodrilo, y con él todos los reptiles ¿ no es una condena definitiva vivir reptando?

La morsa, hacinada en la arena de las playas de Groenlandia: un amasijo descomunal de seres orondos mirándose unos a otros y haciendo la vista gorda mientras los machos violan a sus propias crías. ¿También hace la vista gorda Dios?

El mar. Uno se pregunta para qué creó Dios el mar si el hombre vive en la tierra. Pero, en todo caso, de ese lugar inmenso, oscuro y tenebroso sólo puede aflorar a la superficie un torbellino de dolor y sufrimiento.

Los insectos. La plaga de langosta africana asolada por la hambruna y el descontrol de la natalidad avanzando hacia Europa tras haber desertificado en África lo poco que quedaba por desertificar ¿Qué hace Dios? ¿O acaso tiene la culpa de tanta desolación la langosta hambrienta o el pobre africano que ni siquiera sabe si ha sido creado por Dios?

Los Parques Nacionales (Yellowstone, Selva Negra, Doñana…), esos espacios protegidos de todo menos de los propios animales y en los que al amanecer los guardas encuentran restos ensangrentados de las verdaderas carnicerías que se producen por la noche. Fueron creados también por Dios, pero en este caso a petición de Darwin. Quería Darwin que Dios le acotara un espacio limitado, adaptado a su inteligencia, sin la infinitud y dispersión selvática para observar controladamente la evolución y posible mutación de los especímenes residentes. ¿Le ha retirado Dios el permiso a Darwin, eliminado el coto y obligado a este a retirar personalmente los restos de animales asesinados antes de echarle a patadas del Parque visto el resultado mortífero de su petición?

Del mundo de los seres microscópicos poco se puede decir puesto que su realidad no es tan evidente. Pero, mucho me temo que aquí, refugiándose en la impunidad que confiere la invisibilidad, la “creatividad” de Dios haya engendrado las peores quimeras.

Y, finalmente, una de los nuestros: la mujer.

La Inmutable soberbia de Dios no admite rivales. Y no podía admitir que un ser que Él no había creado, la mujer, rivalizara en la Creación. Por eso, dejándose aconsejar por su lugarteniente Darwin, la emparejó con un mono. Incluso, su lugarteniente lanzó el bulo, que evidentemente nadie creyó, de que ella misma procedía del mono. Desde entonces, y justamente porque la única vida con poderío la ha creado ella, este ser mágico y maravilloso (nuestra madre, nuestra hija, nuestra hermana, nuestra esposa, nuestra amante, nuestra amiga) vive en un estado continuo de acoso y derribo por parte de Dios (¡Quien lo hubiera pensado, en Dios!) y sus partidarios. Ella es, independientemente del resto de damnificados por Dios (aunque Jacques Tourneur, en su inolvidable La Mujer Pantera, la incluyera en el grupo general), la que más cargada de argumentos se encuentra para presentar una querella definitiva y fulminante a título particular contra Dios.

Grosso modo, éstos son los hechos infamantes y los cargos que pesan eternamente contra Dios.
Estaremos atentos a la aparición de otras acusaciones de cualquier colectivo afectado por Dios que, o bien sea por su justificada radicalidad tout court o por el ostracismo de vivir en el armario, quieran formular contra Dios.

Elías Alfonso